Pampa, Alsacia y Lorena. Nuestra historia

Pampa de Goikomendi

Cuando tenía once años, conocí a Pampa. Era una potra de tres años que acababa de llegar a Goikomendi, la hípica donde montaba. Pronto, mi profesora la domó y las amazonas más expertas de la hípica empezaron a montarla en las clases. Pampa solía dar botes, con los que su amazona salía volando hasta que un día se hizo año y mi profesora decidió retirarla de las tandas porque necesitaba alguien que le dedicara más tiempo que ir, cepillarla, prepararla y montar.

Como yo era de las niñas que pasaba muchas horas por allí con el mágico trajín de los caballos para arriba y para abajo, mi profesora me propuso que dedicara unos meses a conocerla y darle tiempo para madurar y poder volver a dar tandas. Empezamos a conocernos, a salir a pastar, a dar paseos y también a montar. Pasábamos todo el tiempo que podía, básicamente fin de semana, juntas. En las clases montada con otras alumnas, rara era la vez que no acababa frustrada encima de Pampa y nos apartábamos de la clase para trabajar en el otro lado de la pista. Me di cuenta de que ni Pampa ni yo disfrutábamos de los ejercicios y al final se convertía en una pelea entre potra y adolescente, una combinación nada recomendable pero sin duda una de las suertes más grandes de mi vida.

Como iba comprando muchos libros de caballos y equitación que leía durante toda la semana que no paraba de pensar en Pampa metida en la cuadra, entendí que lo que pasaba es que Pampa no estaba preparada ni física ni mentalmente para ser montada sin dañarla y que estábamos muy lejos que la armonía y unión tan necesaria en equitación. Aparté la montura una temporada, y empecé a investigar que era eso de dar cuerda y trabajar pie a tierra. Leí que era imprescindible que el caballo tuviera un buen dorso por el que pasara el movimiento. Esas expresiones de «que el caballo vaya de atrás hacia delante, que use los posteriores y que pasando por el dorso llegue a una mano suave y ligereza de espaldas» las oía constantemente en las clases, pero no era capaz de verlo, ni de sentirlo, ni de saber por qué tenía que ser así y sobre todo… ¿quién le había explicado a Pampa que cuando yo ponía la pierna en la cincha y la contraría atrás, abría la rienda exterior y jugaba con la interior, ella tenía que hacer una cesión a la pierna? ¿Cómo se le explicaba eso a un caballo?

Pampa se ponía súper tensa al trabajar a la cuerda. Le costaba horrores. Y a mi me costó horrores también llegar de la teoría de esos libros a la práctica. Pero lo conseguí. Obviamente con todos los fallos del mundo que se tienen cuando nadie te lo enseña pero conseguí que Pampa girara a la cuerda, que su dorso estuviera cada vez más fuerte y aprendí a escuchar. Realmente, no es que nadie me lo enseñara, me refería a un profesor humano. Pampa es mi gran maestra. Con su mente joven, todo el día metida en una cuadra sin posibilidad de moverse y ejercitarse, de socializar… y con sus pestañas pelirrojas, me enseñó lo que es amar un caballo, que con amor se es más bonita y que todo lo que quería de ella lo tenía que hacer yo primero. Desde entonces, Pampa forma parte de nuestra familia y llevamos unos 15 años creciendo juntas.

Lo que empezó como una temporada para conseguir que Pampa fuera una yegua de escuela, terminó uniéndonos para siempre. Ella me motivó a elegir la vida que quería en la complicada adolescencia y me transmitió la importancia del cuidar. Mis padres me alquilaron a Pampa, después empecé a trabajar con 15 años para poder alquilarla entera y años más tardes su propietario y dueño de la hípica me la regaló diciéndome que la yegua estaba preciosa y que como «nadie la iba a cuidar mejor que yo» me la regalaba para que siempre estuviéramos juntas. Nunca olvidaré esas palabras.

Lo más destacable de todos esos años, fue el tiempo que dedicamos a estar juntas. Realmente montar siempre estuvo en un segundo plano. Me gustaba montar pero si a Pampa también le gustaba. Así que empezamos ese camino eterno de cómo conseguir que Pampa disfrutara de ser montada. A día de hoy, Pampa no es montable por su artritis. Las últimas veces montadas las recuerdo mágicas, porque ella ya entendía y yo también entendía. El vínculo con el caballo, la empatía y la elección de que el caballo siempre va primero que cualquier cosa que queramos hacer con él, es lo más importante para mí. No encuentro el sentido a pasar por encima de la salud del caballo para hacer la reprisse de doma que a mi me interese. La doma, los saltos, el trabajo pie a tierra, en el campo… todo lo que hago con los caballos tiene el foco en ellos y su bienestar. Porque a muchos los quiero como parte de mi familia, y al resto los respeto profundamente.

Me siento satisfecha del camino que hemos hecho Pampa y yo. Aunque no puedo evitar pensar, que a sus 24 años, y con lo que he seguido aprendiendo, podría seguir siendo una yegua sana, fuerte y montable. Si sigues leyendo la historia de Alsacia, entenderás por qué. Aun así, Pampa está feliz viviendo una vida de caballo, en manada, con su amiga de toda la vida Eme y los otros 10 caballos. Lejos quedaron los días en la cuadra, sus caídas por carecer de equilibrio y propiocepción, sus nervios por no saber socializar con otros caballos y su dependencia a estar conmigo antes que con otros caballos.

D-Alsacia

Cuando estaba en segundo de la E.S.O., en la asignatura de historia, estudié la Historia de Alsacia y Lorena. Región en la frontera entre Francia y Alemania. Una va de la mano de la otra. Desde que supe de su existencia, me faltaba mi Alsacia. Soñé con cuánto me gustaría que cuando Pampa fuera adulta, tuviera una potra y la llamaría Alsacia.

Lo guardé donde se guardan los sueños y la vida siguió. Pasaron los años, Pampa ya tenía catorce años y me vino a la mente que si querría cubrirla, tendría que ser enseguida. Pampa pasó su luna de miel en Francia con un semental silla francés, y el 26 de Mayo del año 2013, nació la soñada Alsacia.

Pampa preñadísima de Alsacia
En el nacimiento de Alsacia. Pampa, Alsacia y Lorena
La pequeña Alsacia, con menos de 24 horas de vida
Pampa y Alsacia galopando por el prado
Alsacia y Lorena echando la siesta

Alsacia nos trajo muchas cosas. Entre ellas, ritmos naturales de la vida para Pampa. Yo no quería que Alsacia tuviera una vida en un establo. Hasta antes de que Pampa se quedara preñada, yo intentaba por todos los medios que Pampa pasase más tiempo en el prado, que fuera conociendo otros caballos, en definitiva, que viviera como un caballo. Pero ella buscaba las cuatro paredes de la cuadra. Para un animal presa que está acostumbrado a estar ahí dentro, salir al mundo es ponerse en peligro. Como por arte de magia, cuando Pampa ya estaba preñada, aceptaba mucho mejor ir alargando el tiempo en el prado y, aunque volvía encantada a pasar la noche en la cuadra, por la mañana ya pedía salir. Para cuando Alsacia nació, Pampa ya vivía noche y día en prado, con una cuadrita para entrar cuando quisiera y se convirtió en una yegua mucho más activa. Parte de su preñez la pasó en un prado con otra yegua con la que hizo buenas migas, Txabela. Justo un mes antes de nacer Alsacia, Pampa tuvo un cólico fuerte. El único que ha tenido (o mejor dicho, el único del que me haya enterado) en su vida. El veterinario me dijo que seguro que era por el potro, que cuando les daban esos cólicos fuertes era porque iban a nacer justo al mes siguiente, ese mismo día. Me extrañó porque supuestamente le faltaban dos meses, pero parece que se quedó al primer intento y efectivamente, el 26 de Mayo Alsacia llegó al mundo.

Después de todo el día dando clases en Goikomendi, Pampa tenía cera en las mamas, indicativo de que ya llegaba. Al acabar, le dije a Pampa que iba a ducharme y volvía, y justo cuando llegué, se puso de parto. ¡Parecía que me estaba esperando!

Y a partir de aquí, toda una vida con Alsacia. Todos sus descubrimientos y primeras veces, toda su vida… Intento darle la mejor vida que sé a día de hoy y que sé que el día de mañana seguro que veo muchas cosas mejorables, y así tiene que ser, indica que seguimos aprendiendo.

Lo que sí que os puedo decir, es que Alsacia tiene 9 años y todavía no hemos empezado a trabajar equitación como tal. Estamos con la base de la doma montada. ¿Por qué?

  • Porque así como con Pampa me decían que había que empezar a domar pronto a los caballos y con ella se hizo a los tres años, descubrí que los caballos no maduran su esqueleto hasta los siete y todo lo que le montemos antes lo hacemos sobre una estructura en crecimiento.
  • Porque el simple hecho de ofrecer al caballo una vida de caballo no es tan simple en Bizkaia, donde los terrenos son pequeños y el frío del invierno para un caballo de deporte lo deja temblando. Solo ofrecer una vida plena al caballo, ya es mucho trabajo y cuidado de sus necesidades básicas, igual que un perro o cualquier otro animal doméstico.
  • Porque los caballos no nacen preparados ni física ni mentalmente para ser montados y, aunque parezcan muy fuertes, también son muy sensibles. Considero importantísimo respetar el tiempo de cada cosa y que todo lo que fuerces a un potro le quitas salud.
  • Porque, dependiendo de las capacidades y aptitudes físicas del caballo, enseñar a un caballo a que lleve el peso de manera que no le haga daño, es todo un proceso de aprendizaje, y en el caso de Alsacia, tuvimos que empezar por aprender a caminar al paso. Desde sus 3 años hasta los 5, trabajamos ¡y mucho! pie a tierra.
  • Porque por encima de la equitación, están los caballos. Me interesa una equitación que les ayude a estar en forma y llenos de salud. Hay muchos requisitos que cumplir antes de empezar con equitación.
A la derecha, Pampa con Lorena, detrás Alsacia y en el fondo, la yegua torda, Eme

Esta es nuestra historia y así estamos a día de hoy: disfrutando de la vida juntas, con mucha ilusión por cumplir más sueños.